¿Somos Pecadores y Estamos Perdidos desde que Nacemos?

Los católicos y muchos protestantes enseñan la doctrina del pecado original. La idea básica es que somos pecadores por nacimiento, culpables simplemente porque pertenecemos a la familia humana como descendientes de Adán. Desde este punto de vista, si Cristo hubiese nacido con la misma naturaleza pecaminosa de los demás seres humanos, seria un pecador de nacimiento. Consecuentemente no podía ser nuestro salvador.

No cabe duda que el hombre nace con una naturaleza pecaminosa. Es decir, el poder del pecado (singular) mora en cada descendiente de Adán y el poder del pecado nos lleva a cometer pecados (plural).

El apóstol Pablo describe la naturaleza pecaminosa con expresiones tales como: ‘deseos de la carne’, ‘la ley del pecado que mora en nuestros miembros’, los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa’.

Estas expresiones no se refieren a actos de pecado sino sencillamente a las tendencias de la carne que nos instan a pecar. Pero estas inclinaciones naturales hacia la desobediencia solo llegan a ser pecaminosos cuando cedemos a los deseos de la naturaleza pecaminosa.

Esto se explica claramente en Santiago 1:14, 15:

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, [hay que a abortar el deseo] da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.”

Estamos Perdidos desde que Nacemos

Elena White confirmo este punto de vista:

“Hay pensamientos y sentimientos sugeridos y fomentados por Satanás que molestan aun a los mejores hombres; pero si no se los alberga, si se los rechaza por odiosos, el alma no se contamina con la culpa y nadie recibe la mancha de su influencia.” Mente, Carácter y Personalidad, tomo 2, p. 447

“Mediante la fe y la oración, todos pueden cumplir los requerimientos del Evangelio. Ningún hombre puede ser obligado a pecar. Primeramente debe ser ganado su propio consentimiento; el alma debe proponerse a cometer el acto pecaminoso antes de que la pasión pueda dominar a la razón o la iniquidad triunfar sobre la conciencia. La tentación, por fuerte que sea, no es nunca excusa para pecar. “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos”.* Clama al Señor, alma tentada. Échate, impotente, indigna, en brazos de Jesús, y echa mano de su auténtica promesa. El Señor oirá. El sabe cuán fuertes son las inclinaciones del corazón natural, y ayudará en cada momento de tentación.” Mensajes para los Jóvenes, p. 65

La culpa no se traspasa por herencia. Solo el que peca es culpable:

“Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado.” Deuteronomio 24:16

“El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.” Ezequiel 18:20

“Es inevitable que los hijos sufran las consecuencias de la maldad de sus padres, pero no son castigados por la culpa de sus padres, a no ser que participen de los pecados de éstos. Sin embargo, generalmente los hijos siguen los pasos de sus padres. Por la herencia y por el ejemplo, los hijos llegan a ser participantes de los pecados de sus progenitores. Las malas inclinaciones, el apetito pervertido, la moralidad depravada, además de las enfermedades y la degeneración física, se transmiten como un legado de padres a hijos, hasta la tercera y cuarta generación.” HISTORIA DE LOS PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁGINA 278

Fuente: Simposio Medellín con el Pastor Esteban Bohr, pag. 5-7.

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