El Anillo de Compromiso según Elena de White

El Anillo de Compromiso según Elena de White

¿Existe alguna orientación en la Biblia o en los escritos de Elena de White con respecto al uso de anillos de compromiso? 

Responde DANIEL OSCAR PLENC director del Centro de Investigaciones White en la Argentina.

Las normas sobre el arreglo personal que suelen caracterizar a los adventistas han tomado en cuenta ciertos consejos inspirados: “Asimismo, que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia: no con peinado ostentoso, ni oro ni perlas ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que practican la piedad” (1 Tim. 2:9, 10). “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3:3-4).

La instrucción bíblica indica con claridad que el arreglo personal de los cristianos debiera caracterizarse por el buen gusto, el pudor, la pureza, la modestia y el equilibrio, evitando el lucimiento personal y la ostentación.

Al tratarse de anillos de casamiento, el criterio parece flexibilizarse, al considerarlos símbolos de la alianza matrimonial, esperados y demandados, hasta cierto punto, por la comunidad.

Tenemos en castellano una sola declaración de Elena de White acerca del anillo de compromiso. Su contenido es esclarecedor.

“Algunos se han preocupado con respecto al uso del anillo de compromiso, y les parece que las esposas de nuestros ministros debieran amoldarse a esa costumbre. Todo eso es innecesario. Tengan las esposas de los ministros el eslabón de oro que vincula su alma con Jesucristo: un carácter puro y santo, el verdadero amor, la mansedumbre y la piedad que son los frutos producidos por el árbol cristiano, y su influencia estará segura en cualquier parte. El hecho de que provoca observaciones el no cumplir con la costumbre no es suficiente motivo para adoptarla. Los norteamericanos pueden hacer comprender su situación declarando, sencillamente, que en su país la costumbre no se considera obligatoria. No necesitamos llevar el símbolo, porque no somos infieles a nuestros votos matrimoniales, y el hecho de llevar un anillo no probaría nuestra fidelidad al respecto. Me preocupa profundamente este proceso semejante al de la levadura que parece sentirse entre nosotros, y que tiende a conformarnos con las costumbres y las modas. No debiera gastarse un centavo en un anillo de oro para testificar que somos casados. En los países donde la costumbre impera, no nos sentimos obligados a condenar a los que usan su anillo de compromiso; llévenlo si pueden hacerlo a conciencia. Pero ninguno de nuestros misioneros debe sentir que llevar un anillo acrecentará su influencia en una jota o una tilde. Si son cristianos, ello se manifestará en su carácter semejante al de Cristo, en sus palabras, en sus obras, en el hogar, en su trato con los demás; se revelará por su paciencia, longanimidad y bondad. Manifestarán el espíritu del Maestro, poseerán su belleza de carácter, su hermosa disposición y su corazón lleno de simpatía” (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 602).

El Manual de la iglesia señala al respecto: “En algunos países, la costumbre de usar anillo matrimonial es considerada como algo imperativo y ha llegado a ser, en la mente de la gente, un criterio de virtud y, por lo tanto, no es considerado como un ornamento. En tales circunstancias, no sentimos que debamos condenar esta práctica”.

Parece innecesario agregar comentarios a esta orientación sencilla y prudente. En la práctica, efectivamente existen lugares donde el anillo se considera ostentación y otros donde su ausencia pareciera indicar falta de compromiso matrimonial. Tanto el consejo inspirado como la recomendación del Manual de la iglesia nos conducen a evitar el dogmatismo y la polémica sobre el asunto dentro de la iglesia.

Via | Centro de Investigacion White

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