Elena G. de White ¿Teóloga?

Se está volviendo crecientemente común en circulos adventistas del séptimo día pensar en Elena G. de White como autora inspirada e inspiradora, oradora popular, esposa y madre, pero no como teóloga. Me gustaría abordar esta tendencia, expresando mi convicción de que Elena G. de White fue una teóloga sobresaliente.

El carácter de la teología bíblica y de cualquier formulación de la misma debería reflejar la naturaleza de Dios. Nuestra teología debe reflejar el significado trascendente, que Dios en su trascendencia da inevitablemente a su propia existencia y a su actividad, a la existencia humana y a toda la verdad. Significado trascendente es un significado de alto nivel, un significado cuya expresión re-quiere el uso de superlativos.

La teología bíblica debe basarse en las Escrituras y reflejar el mensaje bíblico pleno, del que puede decirse que incluye cuatro temas centrales: (a) la existencia, la naturaleza y la actividad de Dios; (b) la naturaleza y el destino de los seres humanos; (c) el origen, la naturaleza y las consecuencias del pecado, la pecaminosidad humana; y (d) el plan de redención.

La teología de Elena G. de White: Características generales

Una importante característica de la teología de Elena G. de White es su base puramente bíblica. Reconocía la Biblia como la única regla de fe y fue leal a ella sin compromiso. En su núcleo, su teo- logía es puramente bíblica.

En segundo lugar, su teología es abarcadora. Ninguna de las divisiones de la teología —soteriología, eclesiología, etc.— que reconocen los teólogos escapó a su atención. Para todas estas áreas, y para los cuatro temas centrales de la Biblia, aportó una exposición detallada.

En tercer lugar, percibió el mensaje trascendente de las Escrituras y dio a este significado una exposición exhaustiva. Su lealtad a la Biblia volvió accesible para ella sus temas trascendentes, y su teología tiene un elevado nivel conceptual. Más abajo se ilustra su interpretación de este significado.

En cuarto lugar, su teología es dinámica, según se ilustrará también.

En quinto lugar, su teología es básicamente positiva. Aceptó el concepto bíblico de que los seres humanos estamos afectados radical y umversalmente por el pecado, pero no hizo en ello más hincapié de la cuenta. Estaba más interesada en los elementos positivos, como el amor de Dios y en el ideal de este para los seres humanos.

En sexto lugar, dado su hincapié sistemático en el amor de Dios por los seres humanos y en el amor como obligación humana ética, su teología es compasiva y sensible. Al escribir sobre el amor y la compasión de Dios, usó reiteradamente el lenguaje del afecto y el cariño humanos. Entendía, sin embargo, que el amor de Dios era mucho más amplio e impresionante que el amor humano. Creía que Dios es profundamente sensible a las necesidades de todo ser humano y que se conmueve profundamente con los sentimientos del dolor y la impotencia humana.

Reconocía, por último, la necesidad de un equilibrio entre la teología teórica y la teología práctica. Prestó atención detallada a ambas, por lo que no hay escasez alguna de teología práctica ni teórica en sus escritos. En una importante declaración relativa a este equilibrio, aconsejó a sus correligionarios que se habían centrado «mayormente en las profecías y en los puntos teóricos de nuestra fe» que se familiarizaran «sin demora» con «lecciones de piedad práctica».1

Elena G. de White y los cuatro temas de las Escrituras

1. El concepto de Elena G. de White de un Dios trascendente puede ser ilustrado por su uso de la frase ‘una infinidad más allá’ y expresiones similares. Al escribir sobre el conocimiento y la sabiduria de Dios, afirmó que «hay una infinidad más allá de todo lo que podamos comprender. Hemos contemplado solamente una vislumbre de la gloria divina y de la infinitud del conocimiento y la sabiduría».2 Dijo que nadie «puede comprender plenamente la existencia, el poder, la sabiduría, o las obras» de Dios. Los seres humanos «podrán investigar y aprender siempre; pero habrá siempre un infinito inalcanzable para ellos».3

Una importante dimensión de su teología fue su hincapié en el amor de Dios. Creía que la teología es «sin valor» a no ser que esté «saturada con el amor de Cristo».4 Del amor de Dios dijo que era «insondable, indescriptible, sin parangón», y que estaba «más allá de cualquier cómputo humano».5 Afirmó que el alma humana «fue comprada a un coste infinito, y es amada con una devoción que es inalterable».”

El elemento dinámico en su teología de Dios está ilustrado por su creencia en que Dios está continuamente acti- vo: «constantemente en acción por el bien de sus criatu- ras», «perpetuamente en acción en la naturaleza».7

2. Sus puntos de vista sobre la naturaleza y el destino de los seres humanos eran positivos y dinámicos. Creía que éramos de valor ilimitado para Dios, y afirmó que, habiendo sido formados a imagen de Dios, éramos «muy queridos» para él.8

Creía que el potencial humano para el desarrollo y el logro puede ser casi ilimitado. Dijo, por ejemplo, si los jóvenes toman «la Biblia como su guía, y» se mantienen firmes «coma una roca a sus principios», pueden «aspirar a lograr los blancos más elevados» que se propongan; y que, más allá del alcance de sus aspiraciones más amplias, siempre habría «una infinitud» por lograr.4 Mantenía que el destino para el que fuimos divinamente concebidos los seres humanos era, ciertamente, glorioso. Incluidos en este destino estaban «las maravillosas glorias» de la inmortalidad, honores imperecederos y la «gloria, las riquezas y el honor» de «valor (…] infinito».10 Dijo que los redimidos están divinamente destinados a un avance interminable en el conocimiento y la santidad, a una capacidad de conocer, disfrutar y amar que estaría «creciendo siempre» y a la duradera convicción de que sigue habiendo más allá «gozo, amor y sabiduría infinitos».”

El elemento dinámico en su teología de la humanidad está ilustrado por declaraciones sobre el desarrollo y la actividad humana y el ideal divino para los seres humanos. Dijo que Dios «obra continuamente» por los seres humanos y requiere de ellos que «obren continuamente» para él. «No debieran nunca descansar de hacer el bien».12 De los cristianos dijo que debíamos experimentar «un progreso constante en la vida santificada» y un «esfuerzo continuo y progreso constante» hacia «la perfección de carácter».15

3. La teología de Elena G. de White sobre el pecado es objeto de estudio aquí en términos de los efectos desintegrado- res del pecado en los seres humanos y de la actitud no permisiva que ella tuvo hacia el pecado.

Creía en el efecto menoscabador y degradante del pecado en los seres humanos: «El pecado […] ha descompuesto todo el organismo humano, pervertido la mente y corrompido la imaginación», y «ha degradado las facultades del alma».14

Elena G. de While entendía que, aunque Dios era amor, en su santidad, no podía tolerar el pecado. Ella misma no ofreció permisividad alguna del pecado: pecado de cualquier tipo, pecado en cualquier grado. Las Escrituras adoptan una postura firme contra el pecado. Por ello, también Elena G. de White.

4. Elena G. de White reconoció que la redención era el elemento primario del significado de la cruz; redención que rescataba al ser humano de la culpa y el poder del pecado. Pero había otros matices de significado en su punto de vista sobre la redención:

Creía que la muerte de Cristo en la cruz proporcionó una poderosa afirmación de los seres humanos, porque demostró incontrovertiblemente el amor de Dios por ellos y su valor para él. Podemos entender estos temas mucho mejor con referencia al grave riesgo inherente en la encarnación, riesgo que la propia Elena G. de While reconoció: «Recordad que Cristo lo arriesgó todo. Por nuestra redención el cielo mismo se puso en peligro».15 «Si Satanás hubiera logrado con su tentación que Cristo pecara en lo mínimo, […] habría perecido la esperanza de la raza huma- na. La ira divina habría descendido sobre Cristo así como descendió sobre Adán. Hubieran quedado sin esperanza Cristo y la iglesia».16

Está claro que, al asumir la naturaleza humana, Jesús aceptó este riesgo colosal. Al aceptar este riesgo, afirmó a los seres humanos la importancia vital de su existencia para Dios, de su valor para él y de su amor por ellos. Al ir a la cruz por ellos reforzó esta afirmación. Comentando Juan 3: 16, Elena G. de White declaró que Dios «demostró al universo celestial y al mundo caído el valor que atribuía al hombre».17

Para Elena G. de White también había una dimensión cósmica en el significado de la cruz. La existencia eterna de seres libres morales significa que, considerado objetivamente, el pecado siempre es una posibilidad. Sin embargo, uno de los objetivos del gran conflicto es garantizar que el mal, una vez erradicado de la tierra, nunca volverá a surgir en ningún lugar del universo.

Elena G. de White creía que el plan de redención culminaría en la segunda venida de Jesús, en la concesión de la inmortalidad y la vida eterna a los santos, en la eliminación del pecado y de los impenitentes, y en la transformación de este mundo en un paraíso, en el que la plasmación del exaltado ideal de Dios para los seres humanos proseguiría eternamente sin interrupción.

Conclusión

Estoy convencido de que la teología de Elena G. de White satisface las características más esenciales de lo mejor en una larga sucesión de la tradición teológica. Recapitulando, ella nos ha dado una teología que (1) es puramente bíblica y abarcadora, (2) reconoce el significado trascendente de la verdad divina, (3) muestra un equilibrio entre lo positivo y lo negativo, entre lo teórico y lo práctico, con hincapié en lo positivo y lo práctico, y (4) es compasiva y dinámica.

Sin duda, su hubiera publicado una formulación sistemática de sus puntos de vista teológicos, se reconocería su gran solvencia como teóloga. Estoy convencido de que o fue todo lo que reivindicó ser o bien debe considerarse a su pensamiento teológico uno de los logros más impresionantes del espíritu humano.

1. Elena G. de White, Testimonios para la iglesia (Miami, Florida: APIA, 2004), 3:238.
2 ————, Palabras de vida del gran Maestro (Mountain View, California: Pacific Press® Publishing Association, 1971), 85
3. ———–, Patriarcas y profetas (Miami, Florida: APIA, 2008), 94.
4 .———–, «Principies of Service», en Signs oj the Times, 10 de mayo de 1910
5 ————, «Our High Calling», Review and Herald, 28 de febrero de 1888; «Christian Benevolence», n° 1, Review and Herald, 4 de enero de 1898
6 .———–, «Pray Without Ceasing», Review and Herald, 30 de octubre de 1900.
7 .———–, «A Time of’trouble», Review and Herald, 17 de septiembre de 1901; «God in Nature», General Conference Daily Bulletin, 18 de febrero de 1897
8 ————, «Go Ye into All the World», Review and Herald, 18 de junio del895.
9 .————, «The Fruits of Faith», Signs of the Times, 4 de marzo de 1889.
10 .————, The Spirit of Prophecy (Hagerstown, Maryland Review and He- rald Publishing Association, 1969), 2:97; Testimonios para la iglesia, 2:38.
11 .————, Consejos para los maestros, padres y alumnos (Mountain View, California: Pacific Press® Publishing Association, 1971), 54.
12 .————, «The New Year», Review and Herald, 4 de enero de 1881, F.l Deseado de todas las gentes (Miami, Florida: APIA, 2007), 183.
13 .Mensajes selectos (Mountain View, California: Pacific Press® Publishing Association, 1967), 2:254; Testimonios para la iglesia, 8:71.
14 .————, El ministerio de curación (Miami, Florida: APIA, 2012), 323.
15 .————, Palabras de vida del gran Maestro, 154.
16 .————, Mensajes selectos, 1:299, 300.
17 .———–, «Sacrificed for Us», Youths Instructor, 20 de julio de 1899.

Por Walter M. Booth

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